viernes, 4 de abril de 2008

Destellos

Por esta época del año siempre me asaltan los mismos recuerdos de adolescencia: Cuando iba al instituto y me pasaba las horas faltando a las clases, sentándome al solecito o buscando una sombra y algo de brisa cuando el sol pegaba tan fuerte que empezabas a sudar. Es un recuerdo que cada primavera vuelve a mí y lo añoro tanto... Si algo echo de menos de aquella fase de mi vida es precisamente esa sensación en la piel, esa exaltación del sentido olfativo. Los olores, y no me refiero a desagradables aromas de ajenas axilas, está en el ambiente, que se yo, las flores... aunque poco se precibe en la ciudad, los árboles, el sol, el olor que desprenden los objetos al calentarse, que parecen salidos del largo sueño al cual les ha sometido el frío del invierno. Creo que no he vuelto a sentirlo así nunca más. Extendería esa sensación a mis mañanas-tardes en el campus universitario, pocos meses que pasé en él y que se resumen a horas de alegre pastoraje en sus zonas cespeadas durante el buen tiempo y largas partidas de cartas en la cafetería de la facultad en épocas de más frío.¡Dios! Volvería atrás sólo por recuperar esas horas tan improductivas para mi futuro. Futuro que ya ha llegado y puedo afirmar que todas esas horas perdidas no me han supuesto ningún beneficio para la actualidad. Al menos en el sentido que entienden los adultos, bienestar profesional y económico. Pero no me arrepiento, en el fondo, porque no habría experimentado todas esas sensaciones, o no con la misma intensidad que las rememoro. A fin de cuentas, esta soy yo. Si hubiera aprovechado el tiempo en su debido momento (lo dice mi yo adulto y responsable, no mi ser emocional y sensitivo, lo cual no debería estar reñido, pero en mi caso así es), ahora gozaría de una calidad de vida más óptima, la cual me permitiría envejecer considerablemente mejor en muchos aspectos. Pero si entonces me importaba poco, ¿Porqué debería preocuparme ahora? No espero mucho de mi vejez, o no más de lo que esperaba de mi presente cuando todavía no era ni un proyecto difuminado. No soy muy previsora. Luego podría decir que no vivo planeando el futuro. Tampoco soy de las que vive el presente, pues siempre me ha parecido una mierda mi situación actual, sea hace diez años, sea la semana pasada. Digamos que vivo en un futuro incierto para huir de la realidad en la que cualquier reminiscencia sabe mejor. Así llego a la conclusión que dentro de cinco años, lo que ahora estoy viviendo me parecerá fantástico. Podría con esto, llevarme a todo eso de apreciar lo que se tiene antes de perderlo. No será por ganas e intentos de las veces que lo he tratado de llevar a cabo, pero no termina por ser real, o por lo menos, no acabo de creérmelo. La fe no tiene porque tener nada que ver con la realidad. De hecho, la gente se aferra con más fuerza a sus creencias cuando lo que le es real deja bastante que desear. Y existimos algunos que, incluso, la propia fe es de por sí un desperdicio.

13 comentarios:

Dorando Igitur dijo...

Chica, cuando tienes ganas de lamentarte y de atizarte con el látigo si sale el sol porque sale el sol, si llega la primavera porque llega la primavera. Si no es el solsticio es el equinoccio, si la luna está menguante por cuando está creciente.

Mis mejores recuerdos de estudiante no tienen nada que ver ni con las clases ni con los estudios sino con todo lo que pasó alrededor durante aquella época. Y lamento enormemente no tener más recuerdos de entonces. Mi vida académica fue larga y sufrida. Y sobre si mereció o no la pena, pues supongo que sí pero, como casi siempre, uno se queda pensando en aquello de lo que pudo haber sido y no fue.

i hear voices dijo...

la nostalgia sin partículas tristes no es posible, ¿un chupito de prozac?
¿el regusto de la química es doloroso? ¿habrá mucha sangre?
una coca cola, patatas fritas, olivas y una sonrisa.

Juan Cosaco dijo...

jajajajjaajajjaja! ya he pillado el chiste... porque esto era un escrito cómico, verdad?
También podría ser un texto trascendental y existencialista, pero yo creo que no te pega esto último, tú eres más de existencia-tonta, aunque no has llegado al máximo de mi tontería, que es leer a "la nausea" pensando que es la historia escrita por un sastre que va de una tipa que se queda embarazada.
Ese cuadro de hopper mola; la mujer esa parece que esta mirando por la ventana a ver cuándo pasa un tio tan capullo como para tirarle el jarrón a la cabeza. si yo pasara me lo tiraría? fijo.

;)

SisterBoy dijo...

Estoy convencido de que cuando la espiche y si ocurre eso que dicen que ocurre, esto es que pasa toda tu vida delante de tus ojos, las imagenes que me vendran serán las de las horas perdidas.

No me quejo de mis años de Universidad, he comido toda mi vida de ellos pero cuando pienso en aquella época sólo me acuerdo de las interminables horas despilfarradass en el bar La estrella.

canichu dijo...

si lo que estás viviendo ahora te parece fantástico entonces no estás perdiendo el tiempo.

Hôichi dijo...

todo es una mierda, pero tenemos que vivir revolcandonos en ella. Del modo en que lo hagamos, ya es una elección muy personal. Yo ya no me como mucho la cabeza ( antes mucho, lo dejé por mi salud mental). Prefiero exprimir el momento

besotes

dexter dijo...

Joder, desde luego los blogueros sois la alegria de la huerta, eh

Arual dijo...

Pues yo vengo a dar la nota de alegría a esta huerta, hombre ya! Mira Pi querida, yo era la típica estudiante que no faltaba casi nunca a clase, sacaba buenas notas y sí ahora viéndolo desde mi perspectiva de adulta responsable tal vez valió la pena, pero no sabes la de veces que he pensado en qué hubiera sucedido si hubiera aprovechado alguna tarde fuera de clase tomando el sol con mis amigas, o tomando una cañita en el bar de enfrente, "El pájaro azul" (Dext igual sabe si aún sigue existiendo, estaba en la calle Doctor Cerrada), pues eso que no disfruté de esas sensaciones de las que tú hablas, y no sé si realmente salí ganando tanto y tanto, así que siéntete afortunada por haberlas vivido niña, de verdad de la buena.

Bohemi (Resident) dijo...

(Ay, ¡las mismas sensaciones! ¿Qué nos ha pasado? ¿El tabaco?)

El Impenitente dijo...

Estoy de vuelta, Pi.

Amelia dijo...

"Ahora que la adolescencia es un septiembre lejano,
humo de cerveza en un portal, un verano inacabado.
Algunos años en la facultad de ciencias,
papeles escritos, ron de Cuba, hojas de hierba,
un tren dormido en una vía muerta,
la luz de la ventana azul que siempre estaba abierta.

Ahora que quedan tan lejos las playas de Corfú,
las estaciones de trenes de Praga, Hamburgo o Estambul,
los viajes que trajeron a otros vistiendo nuestros cuerpos,
la luz de una cafetería, los amores conversos.

Ahora que te cansas y las piscinas cierran,
y apura el último baño la luz de las estrellas.
Ahora que regreso a los lugares a donde quise huir
y nadie me espera allí.
Ahora que casi llego a fin de mes,
que amo a una mujer.

Que amo a una mujer.

Ahora que pago las facturas, que me besé en La Habana,
que sueño con Lacandona, que ya no escribo cartas,
que cumplimos más añós que promesas,
que se hunden nuestros corazones como la vieja Venecia,
que llego tarde a los cines y al fin del planeta,
que alquilo un pequeño piso en un castillo de arena.

Ahora que duelen las resacas y cortan como una navaja.
Ahora que nadie nos saluda por los bares de Malasaña,
que pido auxilio, besos y comida por teléfono,
que fumo flores y lloro a veces mientras duermo.
Ahora que tiemblo como un niño abandonado.
Ahora que viejos amigos nos han traicionado.

Ahora es el momento de volver a empezar, que empiece el carnaval,
la orgía en el Palacio de Invierno, de banderas y besos.
Se cayeron mis alas y yo no me rendí,
así que ven aquí,
brindemos que hoy es siempre todavía,
que nunca me gustaron las despedidas. "

Ahora. Ismael Serrano

UNA FORTA ABRAÇADA!

Vargtimen dijo...

Los mejores recuerdos del instituto y la facultad son los de las horas perdidas. En el caso de la facultad puedo decir que no recuerdo otra cosa.

A mí me pasa lo mismo, lo de recordar con nostalgia todo lo que pertenece al pasado, incluso aquello que cuando lo vivía me parecía un infierno. Si en el fondo somos unos nostálgicos sin criterio...

Pilar M Clares dijo...

Al lado de mi instituto había un jardín, y cosa impensable hoy, salíamos a él en el recreo. En pleno centro de la ciudad, me sentaba con mi amiga Gracia, recuerdo como si fuera ahora mismo, en un banco a ver pasar la gente con nuestro bocata recién comprado en la cantina e inmensamente grandebuenosabroso en un banco. Entrar de nuevo a clase era casi imposible. En alguna ocasión, sí, cuando no había más remedio. Creo que no depende el futuro de eso, 3,14, si lo hace no malamentem no. Grandes momentos aquellos