
El día anterior a la gran nevada, mi hijo me regaló una planta, llena de flores, unas especies de margaritas violetas, yo, que pare esto como para tantas otras cosas soy una ignorante, no se de qué planta se trata... Al día siguiente, la nevada la congeló y cayeron todas sus flores. Hasta el pasado sábado la he estado regando, y cuidando con esmero para que volvieran a florecer. La flora nunca han sido lo mío. Todavía no se como soy capaz de sacar un hijo adelante cuando soy incapaz de mantener con vida una planta... Siempre se me terminan por morir. Ya no se si las seco o las ahogo en exceso... nunca he sabido hacer uso exacto de las medidas, y no sólo en el regar. Pues bien, el sábado para sorpresa nuestra, una flor lucía en todo su esplendor, rodeada de otros capullos con evidentes intenciones de no dejarla sola.
Escucho esta canción que me recomienda mi chico, y llueve, pero no hace frío. Y me invade una sensación en la que me muero por fumar, y falta poco más de un mes para que se cumpla un año desde que lo dejé, y sólo por mi perseverante tozudería no lo haré. Sinceramente, no por presión mediática, no porque ahora se persiga a los fumadores como si de terroristas de la salud se tratasen, realmente tuve que dejar de hacerlo por mi propio bienestar, y no sólo me refiero al aspecto saludable, que siempre he sido de la opinión de que de algo hay que morir. Y es en días como hoy en los que me apetece encender un cigarrillo y darle una calada, suave pero profundamente. Inhalando el humo y sintiendo como se desliza hacia mis pulmones. Porque, al igual que hay quien necesita sentir el aire fresco para sentirse vivo, también hay quienes necesitamos sentir a veces que un poco de eso nos falta. Una leve transgresión, aunque sea algo tan insuficiente como el humo de un cigarro. Esa efímiera sensación de auténtica libertad, de que podrías hacer lo que quisieras en todo momento y estar en cualquier lugar que se te antojase. Sin embargo, soy una buena chica (o tal vez una cobarde), y no hago nada que pueda perjudicarme, claro que, por otra parte, tampoco me esfuerzo demasiado por conseguir lo que podría beneficiarme (perezosa y cobarde de nuevo que es una)... Así pues, me descubro como una mera espectadora de mi propia vida. La veo pasar y me queda la sensación de que no la estoy viviendo. Sí, pasan las horas, los días, los meses... y año tras año me hago mayor, que a estas alturas es un eufemismo ya, pues hacia donde avanzo es a la vejez. No es grave, no hay nada de malo en envejecer, más que por los correspondientes achaques de salud y supuestamente la cercanía a la muerte. Pero un poso de lacónica melancolía se va apoderando de mí, de mis pensamientos, y estos, se transforman en recuerdos. Que ya no están, que debería mirar al frente a la expectativa de lo que está por llegar, pero yo, que soy un ser taciturno, me empeño en vivir contemplando la sombra de lo que pudo haber sido, de lo que fue, pero ya ni es porque la memoria distorsiona.
Y pretendía escribir algo alegre y feliz, porque así me siento, pero bueno, en primavera no van a ser todo colores llamativos, ¿no es así? Hay que dejar lugar también para los tonos oscuros.
Dejo este youtube con una canción no especialmente llamativa, pero me ha gustado. Y me sorprende desprenderme de mis prejuicios y que me guste pese a ser cantada por una guapa modelo, Karen Elson, venida ahora a cantante. Las malas lenguas dicen que un empujón por parte de su marido debe tener, Jack White (uno de los integrantes de The White Stripes), pero bueno, dejemos que el tiempo ponga las cosas en su lugar. Por el momento me descubro ante la bonita voz que tiene.
¿Cuántas veces habremos visto esa imagen en las noticias de unos vecinos anónimos cualquiera, algo reticentes a contestar a la pregunta y a la vez exhibicionistas, encantados por el minuto de notoriedad que les brinda una cámara de TV, soltando por sus mediocres bocazas el tan comunmente conocido tópico: Era una persona normal? Sí. En ocasiones acompaña la célebre frase: era muy amable, nunca le oímos discutir, ni gritar. Cordial en su trato diario al cruzarnos en la escalera o en la panadería... En fín...
La gente habla, critica y se digna a lanzar juicios superficiales sobre la vida y el comportamiento de sus congéneres a los que observa, ni tan siquiera, desde un prisma de objetividad. Nos creemos conocer al vecino por el simple hecho de vivir en el mismo edificio y saber de qué color usa la ropa interior que vemos colgar en el tendedero en el patio de luces; al compañero de trabajo al cual tenemos estudiadísima su nuca después de no ver más allá de su estúpido cogote durante casi ocho horas al día, cinco días a la semana, y del cual conocemos que está casado por los vomitivos bocadillos de pan de molde que se come cada mañana durante el desayuno con cara de hastío y resignación; creemos conocer incluso a nuestras parejas, con las que compartimos algo tan íntimo como la cama, y no sólo para dormir, también para inspeccionar las profundidades de nuestras cavidades ocultas, lamentablemente sólo podemos estudiar la parte física y en ocasiones, ni en eso reparamos al 100% “cariño...¿sabrías decirme en qué nalga tengo un lunar? ¿Ein...uhm...este....?”
Así es que no nos sorprendamos si una buena mañana nuestro adorable vecino, ese compañero de trabajo afable y dócil incapaz de alzar la voz en una reunión ni tan siquiera dispuesto para exigir sus 20 minutos de descanso, o el propio cónyuge, al que prometimos amor eterno, y del cual nos creemos poseedores de la más absoluta confianza y complicidad, se levante y decida desaparecer, en el mejor de los casos, de la faz de la tierra, o en el peor de ellos, matar a unos cuantos inocentes que se tope ese mismo día en su camino...
Todos aparentamos vivir una vida normal, o a eso juega la sociedad, la civilización, pero la realidad es otra, constantemente estamos bombardeados por una presión, en la mayoría de los casos insoportable, por insignificante que parezca, o diminutos granitos que acumulados, terminan por formar un muro infranqueable... así es. Ya desde pequeños nos educan en un entorno competitivo, tienes que superarte, ser el mejor, el númuero uno, si no lo eres, te conviertes en un fracasado. Saca las mejores notas, consigue a la persona más deseada, se tú la más deseada. Consigue un buen trabajo, no, el mejor de los trabajos, cásate, ten hijos, se un buen progenitor, ideal pareja, mejor amante... paga la hipoteca, el coche... sí vale, la mayoría de estas cosas son prescindibles, materiales, pero luego está el compañero de trabajo trepa que se limitará a ejercer la ley del mínimo esfuerzo a tu costa, sobrecargándote de tareas y agenciándose tus éxitos con las malas artes necesarias para que no puedas demostrar lo contrario, o el jefe cabrón que te putea incesantemente, de forma sútil que consigue que el resto de la plantilla te repudie y te haga sentir que ahora a cualquier expresión de poder ya se le llama acoso o moving, y eso otro tiene un nombre, bulling, u otros nuevos términos, el síndrome de burnout, que no es más que estar quemado, sufrir estrés, pero eso siempre lo padecen los demás, tú no, porque tú puedes con todo. Puedes con el capullo del semáforo que le falta tiempo para darle al cláxon exigiéndote que te muevas antes de que la luz salte del rojo al verde... Puedes con el imbécil de tu ex que no te pasa la pensión y se cree con el derecho de darte lecciones de educación y pedagogía ejerciendo un día a la semana sus obligaciones paternas, las cuales al parecer considera que se limitan a llevar al niño al McDonals, lo de hacer los deberes con él, batallar cada mañana para que se despegue de las sábanas y se ponga en marcha antes de que llegueis tarde a la escuela, le enseñas que comer de todo es sano y divertido y que el chocolate es un alimento más, no una moneda de cambio para el chantaje por buen comportamiento... eres tú, quien evidentemente, puedes con todo, y más. Puedes con los pagos y los recibos cada mes que te estrangulan ya a día cinco convirtiéndote en funámbulo de las finanzas para, quien dice terminar de pasarlo, tú suscribes: sobrevivirlo directamente. Tú puedes ser el mejor amigo, que escucha las penurias de quien pensabas te correspondía en esa categoría y el día que te abriste te espetó que lo tuyo no eran problemas, que dejes ya de quejarte... Y sabes que podría ser peor, siempre hay alguien más jodido que tú, por eso, tú puedes con todo. Con todo eso y más. Hasta que llega un día en el que explotas.
Quizás todo esto no sean motivos suficientes para huir del país y esperar que nadie tenga el suficiente interés como para buscarte, y mucho menos que lo hagan. Tampoco es excusa para ser considerados atenuantes frente al hipotético caso de que se pasen tanto de rosca las tuercas que conviertan al aletargado letal ciudadano de a pie en un asesino activo. Pero puedo llegar a comprender que no es necesario tener una mente criminal, ser un psicópata ni un inadaptado social para cruzar esa fina línea que está a un endeble paso del ser más anodino y normal. Todos podemos llegar a tener un día de furia... muchos son, de hecho, que viven largas temporadas al límite de disparárseles el diferencial... diez, nueve, ocho, siete, seis...
Canciones del álbum "Cajas de música difíciles de parar" de Nacho Vegas.
Queda 1 día para votar. Mañana (3 de Marzo de 2010) a las 12 del mediodía se cierran las votaciones.
El festival de cortos en internet Jameson Notodofilmfest VIII Edición está llegando a su desenlace.
Este año se han presentado 706 cortos a concurso de los cuales 91 son los finalistas. Las bases del concurso están en la web, así como la forma con la que pueden votar los espectadores através de la red para otorgar uno de los premios, concretamente el premio del público. Yo ya lo he hecho. 5 son los candidatos por los que puedes optar, ni uno más ni uno menos.
Este año, para no estresarme he esperado a ver directamente los finalistas, que no son pocos, y francamente, desde mi inexperta visión de espectadora aficionada he de decir que, me ha sido un poco difícil decantarme por los 5 cortos a los que finalmente he dado mi voto. Y no porque la calidad en general fuera extraordinaria, creo que la descompensación entre los realmente buenos y los mediocres que te dejan pensando: ¿Pero como coño se ha colado esto en la final? Es considerable.
Me sorprende (o no debería) por la escasa imaginación, que entre los mismos finalistas hayan varios temas repetidos: hay un par de cortos en relación a los audímetros, un par o tres sobre violencia de género, un par sobre terrorismo con atentado en transporte público, algunos que guardan relación con el propio cine, un par o tres también en los que el suicidio es el centro de la trama, violencia, poco sexo, escaso amor, uno tristemente dedicado al desempleo y la crisis y encima resulta que es ciencia ficción..., bastantes dedicados a la soledad (debe ser esto el resultado de vivir en tiempos de crisis.. no sólo económica, también crisis afectivas, de identidad, de valores...), bastantes previsibles, actuaciones patéticas en la misma medida que las hay extraordinarias... y algunos de animación, pero que como casi cada año termino por descartar de mi lista de votados (y no es porque no valore el trabajo de sus realizadores, que seguramente es mucho e incluso en algunos casos, más elaborado que los cortos seleccionados en mi ranking..., pero debe ser que no me tira demasiado la animación...) siempre existe el consuelo de haber una categoría que premia la animación y alguien va a pillar 3000 euros. Espero, he de destacar, que no sea el corto titulado “Rechazo”, pese a que me agradó la realización, el desenlace me resulta de lo más inapropiado, y sí tengan la posibilidad de optar por el: “Presentando el McGuffin” o “Tank Attack”.
Supongo que muchos serán los que se hayan quedado fuera de concurso con una desilusión amarga... Tienen el consuelo de volver a poder presentarse la próxima edición.
También he visto nombres repetidos, como el de Felipe Vara de Rey, ganador el año pasado por su corto “Pudor”, el cual desde aquí se le apoyó y se le trató de dar a conocer en otros blogs amigos. Presenta “Solos”, un corto destacable por su calidad, pero el cual por esta vez, he descartado incluir en mis votaciones, por la razón que comentaba líneas más arriba, la lista de 91 la reduje a 10, y claro, sólo se permite votar a la mitad, o sea, un total de 5. En la web he tenido que dar 5 títulos, pero aquí voy a apuntar el Top Ten, así si alguien está a tiempo de ver algún corto espero que mi recomendación le sirve de algo.
Para poder verlos os recomiendo los siguientes pasos para moveros dentro de la web:
Clicais en “Sala de Proyecciones” (Arriba a la izquierda)
Entrais en el subapartado “Finalsitas”
Recorreis las páginas para ver los 91 cortos.
Escogido el que quereis ver, le dais a “FICHA” (si le dais a “ver”, os tendreis que registrar etc... y para volver a donde os quedaistes tendreis que volver a entrar en la página y perdereis tiempo mientras se carga etc...) Una vez “dentro” bajad, no seais lerdos/vaguetes, que ahí está colgado el vídeo además de disponer de toda la información sobre este.
Una vez visto, apretais en “Volver” (arriba a la derecha)
Podeis seguir viendo cortos y más cortos... ;)
Pero si lo que quereis es ir a ver directamente alguno de los títulos que os he proporcionado, para ahorraros tiempo os vais a “Buscador de películas”, justo debajo de “Salas de Proyecciones”.
Y hasta aquí las lecciones de Barrio Sésamo por hoy.
Mucha suerte y que lo disfruteis.
Después de leer “Un hombre en la oscuridad” me quedé un tanto desolada, supuso un bajón considerable, siempre desde mi humilde e inexperta opinión, en la obra de mi escritor fetiche Paul Auster. Una mala época para mí, dado que contemplaba impotente como se derrumbaban en mi conciencia los que hasta en ese momento habían sido mis referentes, musicalmente hablando, presenciaba como Nacho Vegas ascendía, para lo que representaba a algunos, compartiendo disco con Bunbury, para mí una punzada en el corazón que no llegaría a ser casi herida de muerte hasta su fatídica colaboración con la Rosenvinge... Estaba rozando el cielo en su trayectoria según muchos dentro de los círculos de determinada crítica especializada.... pero para mí significaba poco más que una rendición ante los cantos de sirena de la popularidad. Por suerte, algo bueno salió de esa experiencia, grandes temas incluídos en “El Tiempo de las Cerezas” y algo de vitalidad a su rostro tras los refregones con la ratita presumida, que no le venía nada mal al asturiano... Y por otra parte, la caída en picado, de mi idolatrado Woody Allen hasta llegada de un lastimoso declive, no se si por causa del efecto 2000, nada producido a partir del nuevo milenio merece la pena, salvando tal vez de la quema la cuestionable “Match Point” y agradeciendo su resucitación con la última, modesta y nada pretenciosa “Whatever Works”, que recuerda al Allen que todos queremos y veneramos filmando su amado manhattan, con historias sencillas y cercanas, ridículas y risibles, lejos de todo glamour, con el talento suficiente que no requiere de ostentación alguna para brillar por su propia estela.
El caso es que llegué a un punto en el que me decía a mí misma para pretextarles: Si es que no se puede sacar cada año un disco, una película, una novela excelente, por fabuloso que seas en tu trabajo. Lo de estos tres hombres que cito, estoy segura de que requiere de laboriosa entrega profesional y concienzudo y meticuloso empeño en extraer de lo bueno lo mejor, no me cabe la menor duda, pero, sin una dosis de genialidad y talento, el resultado jamás podría ser lo que estos artistas han ofrecido a la humandidad. Tal vez suene exagerada para algunos, pero es mi parecer y mi gusto y sólo el tiempo puede quitarme la razón, maltratando el conjunto de sus obras, desterrándolas al olvido y desmereciendo el lugar que deben ocupar en la universalidad de sus distintas manifestaciones artísticas.
Y digo todo esto en un duro, pero que pretende ser un halagador prólogo para afirmar gratamente que, aquel mal sabor de boca que me dejó el, hasta la fecha, último trabajo de Auster, se ha desvanecido gracias a la frescura y el aliento que me ha devuelto la magnífica “Invisible”. Acertadísimo título, cabe añadir, aunque bien podría haber sido también “1967”. Y es que hay años en todas las historias personales que marcan una inflexión en el devenir de sus protagonistas. No obstante, el título finalmente adjudicado atina más que cualquier otro presumible nombre con el que esta novela hubiera sido presentada: “Un rostro corriente, en cierto modo, una cara que resultaría invisible entre cualquier multitud”, y con esta frase, ya lapida por donde recorrerá el hilo argumental a lo largo de lo que nos quiere contar, y tan sólo estamos en la tercera página. Sublime.
Antes de proseguir, debo advertir que, si alguien se guía por la reseña escrita en el dorso del libro para decidirse a leerla, mal asunto. No lo recomiendo. En mi caso suposo más un prejuicio (algo me evocaba a mi odiada “Soñadores”) que me hubiera provocado rechazo de no ser que se trata de Auster y eso, pese a mí anterior decepción, merecía el beneficio de la duda. Ante según que reseña, que más mal que bien le hacen a la obra, yo cambiaría por un: lea las veinte primeras páginas, y si tras la lectura de estas decide abandonar, nadie se lo reprochará. Yo, que lo leí prácticamente de principio a fin, le puedo asegurar de que no va a poder parar hasta alcanzar el último punto y final.
Quien haya leído algo en alguna ocasión escrito por Paul Auster, incluso en las películas cuyo guión es de su puño y letra, ya debe saber que, en sus historias siempre hay algo más oculto. La metaliteratura está muy presente, así como recambolescas tramas a la par que verósimiles en muchas ocasiones si pasamos por alto la contínua tendencia de este por sobrevenir a los giros de la mano del azar y las casualidades oportunamente encontradas. Pero en esta excepcional ocasión el azar está ausente. En el aspecto técnico destaco el brillante trabajo narrativo, como ya desde décadas viene demostrando y deleitándonos. “Invisible” cuenta de cuatro partes, de las cuales se podrían hacer múltiples interpretaciones: 4 historias, pero que la suma desembocan en un todo, cuatro estaciones, cuatro localizaciones, cuatro estados de ánimo y/o madurez... Y así hasta que nuestra imaginación diga basta. El autor, a lo largo de cada parte salta de un narrador a otro cambiando de la primera a la tercera, pasando por la segunda persona. Desde diferentes puntos de vista, según emplee uno u otro personaje. Consiguiendo atraparte en esa apasionante historia que emerge desde una anécdota transcendente y desde la cual se va desgranando y expandiendo al tiempo que se introducen nuevos personajes que, encabezan el protagonismo a su paso, aturdiendo, para gran regocijo del lector, y reestructurando a cada página el argumento, recomponiedo las piezas tratando de formar este puzle que no se nos muestra completo hasta el final. cuando todo está encajado.
Personalmente, al terminar una novela de Auster siempre me queda esa sensación de tratar de averiguar, aunque sea por mera intuición, qué hay de cierto, de verdad, de real, en lo relatado. Acabo por ceder y aceptar que Auster, en esto del arte del engaño, es un gran maestro.

Pero se limitaron a comprarnos unos paragüas, uno para cada miembro de la familia (esto parece un guión de un episodio de Cuéntame, pero es que así era...) No creaís que eran unos paragüas cualquiera, ¡noooo! ¡eran plegables! Lo nunca visto por nuestra tierra. De los que caben en el bolso y puedes llevar siempre y a todas partes. ¡Y qué mierdas me importaba a mí el puto paragüas! Luego llegamos al apartamento, habíamos escogido en qué cama dormir cada uno, cuando a mis hermanos les da por empezar a abrir los paragüas y mi madre venga a repetir aquello de que trae mala suerte abrir un paragüas en un lugar interior y más si fuera no llueve... chorradas, supersticiones absurdas... lo que querais, pero la cuestión es que esa misma tarde, llamaron a mi padre para comunicarle que mi abuelo había muerto. Volvimos a Barcelona a toda hostia, bajando las curvas que no sabemos ni cómo no nos matamos en una de ellas, con mi padre al volante con los ojos vidriosos y mi madre repitiendo que ya era mala suerte, para una vez que teníamos vacaciones... Eso era un 11 de Septiembre.
¡Benditas vacaciones! No tanto por el ansiado descanso que comportan, si no por las ganas de volver a la normalidad, sí, esa que aborrecemos y con la que nos tenemos que enfrentar cada día al levantarnos y que extrañamente acabamos por echar de menos y todo gracias al periodo vacacional, pues para el pobre desgraciado de a pie, no existe para recuperar energías y descansar, nooo sirven para recordarnos que nuestra vida puede ser todavía más miserable al tener vacaciones y no poder disfrutrarlas como desearíamos. Y es que, las vacaciones deberían ser sinónimo de reposo, diversión y lamentablemente, para la mayoría de la gente suponen más agotamiento, estrés, colas, atrasos, atascos, vivir las 24h del día con toooda la familia, y cuando digo toda, me refiero a toda, marido/mujer, hijos, suegra, cuñados... Alejado ese ideal de tiempo de ocio en una playa paradisíaca del Caribe o a bordo de un crucero bebiendo mojitos y ligando con tipos o tipas espectaculares. En fín, teniendo en consideración que a la mayoría de la gente le importa una mierda las vacaciones del prójimo, a dónde ha ido, con quien y ante todo qué ha hecho, voy a ahorrarme explicar que me he repartido mis 20 días de vacaciones estivales, los otros 10 los reservo para Navidad, entre Mallorca y Vinarós, y otros pocos para quedarme en casa adelantando tareas pendientes que el resto del año nunca tenemos tiempo para ellas, luego llega el verano y estar tumbado a la bartola resulta mucho más sugerente que pintar la casa, hacer limpieza a fondo de esta o enfrentarse a la temible reorganización de armarios... Eso sí, nadie me quita mis largas horas de soffing, sabido por todos mi deporte favorito, el cual no sólo practico el máximo de tiempo durante mis vacacaciones si no que a lo largo del resto del año aprovecho a hacer en cuanto se me brinda la ocasión, lo cual, si no fuera por cambiar de espacio, misma actividad, mismas caras, resultaría exactamente idéntico un día de vacaciones a uno festivo, lo único que lo diferencia es que, durante el festivo todavía salgo ganando la parte correspondiente al plus de presencia del cual me beneficio gracias a una medida en las mejoras laborales que conseguimos, mientras que ese mismo día pero etiquetado como vacaciones dejo de cobrarlo... Con lo que, lo único bueno de las vacaciones en si es que por lo menos perreas unos cuantos días más seguidos. Eso sí, algo productivo para el hogar he hecho, tengo la nevera más limpia y reluciente que jamás nadie haya podido ver tras 8 años de uso más los que llevaría en funcionamiento antes de que llegase a este piso. Lo de limpia va en todos los sentidos, tanto de higiene como el figurado en cuanto a vacía. Y es que estar de vacaciones es lo que tiene, también, aumento de gastos imprevistos... Aunque uno haga mil cuentas y docemil números para cuadrar el presupuesto, siempre se acaba por gastar más de lo previsto, y eso que en mi caso cubría gran parte de mis gastos con la resabida medida de echarle morro, vamos que nada de hoteles, hostales ni pensiones, haciendo caso por una vez del demonio de la publicidad tarareaba al son que me presentaba la cancioncita “donde caben dos, caben tres...” con radiante sonrisa y a ocupar casa de amigos y familiares. Bueno, tampoco es bien bien así, que aviso con tiempo de antelación para hacerse a la idea, tanto que para ser prácticos, el viaje a Mallorca nos lo pagó el padrino de 3’15, una de las víctimas de mis vacaciones, como regalo de cumpleaños, que es en mayo, aunque le hemos visitado en agosto, y para salirle mejor de precio ya se ocupó él de comprarlos en febrero. Que seremos pobres pero la mar de organizados y ante todo, pragmáticos.