domingo, 11 de noviembre de 2007

Valores

Las colas ya me cuestan de entender, me molestan las que nos obligan a hacer por cualquier cuestión burocrática, en la declaración de la renta, la oficina de empleo, la renovación de documentos de identidad, pasaportes… Luego están las que en mayor o menor medida eliges libremente pero son ineludibles: visitas médicas, la compra de primeras necesidades, transportes públicos… Y por último están las dedicadas al ocio: teatro, cine, conciertos, restaurante… Pero las más inauditas a mi comprensión son, sin duda, las que esta noticia destaca. Y lo más incrédulo a mi forma de entender la vida es el orgullo de quienes las practican. Las colas de por si horas antes de que abran el establecimiento ya me parecen lamentables pero, la actitud a continuación, una vez dada por inaugurada la veda de caza me resulta bochornosa. Todos a la carrera por alcanzar una pieza de ropa carente de toda originalidad, pues son harapos fabricados a millones en cadena de una calidad pésima. Es vergonzoso. Desde el primero al último quieren ir a la moda, vestir el último grito, destacar por encima de los demás, pero, curiosamente, ese afán por ser el más fashion no deja de colocar a este tipo de persona en un gran saco donde impera un único estilo y acaba imponiéndose un cliché estético más digno de un colectivo homogéneamente uniformado lo más alejado del deseo individual por ser excepcional. No me impresiona tanto el delirio que posee a más de uno en época de rebajas, puestos a tenerse que vestir es un signo de inteligencia pretender adquirir la misma prenda a un valor inferior del inicialmente marcado, pero, está estudiado que, no sólo se compra más de lo estrictamente necesario, se acaba por gastar más. A fin de cuentas, es lo que pretende este tipo de campaña y a la vista está que les da buenos resultados.
Supongo que ponerse un tipo de ropa hace sentirse Madonna o Emmanuelle Béart (por absurdo que me parezca) y quedar a un paso de asistir a esas bacanales fiestorras cargadas de lujo y glamour que tan por los ojos entra suscitando la envidia y el anhelo de ser conquistarlas por formar parte de una élite que supuestamente te eleva en la escala social (y a mí que fatiga me entra con sólo pensarlo).
Todo esto lo asume y cumple su objetivo a la perfección la tan efectiva publicidad bajo la torrencial circulación de anuncios en los distintos medios. El gran gigante, el verdadero gran hermano, el Dios omnipotente y omnipresente de la sociedad consumista en la que vivimos. Hoy hablo de algo tan insustancial como con lo que nos cubrimos, el valor de la estética y las apariencias pero, lo inunda todo, y es una realidad en la que a la gente sólo le queda por comprar un cerebro nuevo. O no. Eso lo regalan ya con el coche que compras, la ciudad en la que vives, el partido al que votas, lo que vistes…

9 comentarios:

Vargtimen dijo...

Hay gente que no tiene nada mejor a lo que dedicar su tiempo libre. Aunque quien sabe, lo mismo es una experiencia socialmente enriquecedora lo de pasar horas a la intemperie haciendo cola por algo y nos la estamos perdiendo.

38 grados dijo...

Nos crean tantas necesidades, y en el fondo necesitamos tan poco....

un abrazo

Juan Cosaco dijo...

Si vieras lo que me cuesta a mi ir a comprar ropa..mi record es de menos de 1 minuto! jaja
Yo también reivindico la sencillez del pensamiento, tan complicada de encontrar últimamente...
Salud!

Zar Polosco dijo...

Mi madre a veces dice que se conforma con que le dejen el derecho al pataleo. Podríamos darle vueltas y vueltas y no llegar a ninguna parte pero, por lo menos, de vez en cuando dar un grito y cagarse en todo. Aunque luego no pase nada y sigamos uniformados.

Vuelvo al viejo tema de poder comprar el tiempo y disponer de él a voluntad para bajarse del mundo.

Arual dijo...

Yo estuve en esa cola .... jejeje!!!
Es bromaaaaaaaaaaaaaaa!!!!

Hôichi dijo...

La verdad es que es patético, pero como dice un conocido mio, a los españoles les pone hacer cola, y la hacen aunque no haga falta (trabajaba en un banco y sabe de lo que habla, puesto que llegaba gente y hacía cola innecesariamente, para cuestiones que se podían gestionar por vías más rápidas).

besitos

SisterBoy dijo...

Será que les gusta hacer cola para poder quejarse de que estan haciendo cola. A mi me aterrorizan, siempre llevo el mp3 puesto a todo volumen para no oir a la gente quejandose del gobierno o de la inmigración.

Raquel dijo...

Siento verdadera fobia por las colas.
Y mucho me temo que los cerebros razonablemente buenos no se venden, jajaja. Buenísima la ilustración también, ¿de quién es?
Un beso.

Deku dijo...

Ir a la moda... con este tema sí que me indigno y podría estar horas hablando sobre ello.